El brasileño Héber Negrão, músico y etnomusicólogo, acaba de ser elegido como el nuevo presidente de la Red Global de Etnodoxología (GEN), marcando un cambio clave en cómo la Iglesia global se conecta con las culturas locales a través del arte. Su historia es una de esas que inspiran: de estudiar violín en Brasil sin saber cómo usarlo en las misiones, a liderar un movimiento mundial que celebra el arte como herramienta poderosa para adorar a Dios.
Todo empezó cuando, leyendo una guía de oración de Wycliffe, Héber se topó con una palabra que en ese momento le sonó rarísima: etnomusicología. Pero ahí descubrió que había personas que ayudaban a otros a adorar a Dios usando su propia música, su propia cultura. Y ahí todo cobró sentido para él: “Dios me mostró que podía servir con lo que me apasionaba: la música”.
Hoy, Héber lidera una red que conecta a músicos, artistas, pastores y misioneros de todo el mundo para que la adoración tenga sonido local: desde himnos en ritmo africano que denuncian la violencia, hasta canciones en aldeas indígenas de Brasil que enseñan salud con alegría y ritmo nativo. Para él, no se trata solo de cantar distinto, sino de honrar lo que Dios ya sembró en cada comunidad.
“La etnodoxología no es solo una teoría”, explica. “Es usar el arte propio para compartir el mensaje de Jesús. Ya sea en una canción, un teatro callejero o un cuento contado en ronda, el arte conecta con el corazón”.
Héber cree que el Sur Global —América Latina, África, Asia— tiene mucho que aportar. “En nuestras culturas, el arte no es algo opcional. Es parte de quiénes somos. Y es hora de usarlo para adorar, enseñar y sanar desde nuestras propias raíces”, afirma.
Como presidente de GEN, su visión es clara: que todas las iglesias del mundo entiendan que no tienen que copiar una cultura ajena para adorar a Dios. “Lo que tenés en tu comunidad, tus ritmos, tus colores, tu historia… eso también le pertenece a Dios. Y Él quiere que lo adores desde ahí”.
Con equipos en países como Brasil, Corea del Sur, Colombia, India, Benín y Jamaica, GEN impulsa recursos, talleres y conexiones para que más comunidades redescubran la belleza de su propio arte en la vida de fe. Y Héber lo resume en una frase que lo define todo:
“Las artes las dio Dios. No para entretenernos, sino para acercarnos más a Él”
