En Tucumán se levantó una fuerte polémica por el anuncio del 1° Encuentro Global de Infancias y Adolescencias Trans, previsto para el 9 y 10 de noviembre. Diversas agrupaciones cristianas, familias y comunidades de fe expresaron su repudio ante el evento, señalando su preocupación por el enfoque que promueve sobre la identidad de género en niños y adolescentes. Las manifestaciones no se centraron en el rechazo hacia las personas, sino en la defensa del derecho de los niños a crecer con libertad, sin imposiciones ideológicas ni presiones externas sobre su identidad. Desde la postura de la Iglesia, se enfatizó que cada persona es creada por Dios con un propósito y una identidad única que merece ser cuidada y guiada con amor y verdad. Líderes cristianos remarcaron que acompañar a la niñez implica proteger su inocencia y su desarrollo integral, recordando que el amor verdadero no confunde, sino que orienta con paciencia y compasión.
Mientras algunos sectores celebran el encuentro como un avance en derechos, otros lo ven como una intromisión en procesos naturales del crecimiento. En medio de esta tensión, la Iglesia invita al diálogo desde el respeto, pero también desde la convicción de que las verdades del Evangelio son firmes y no cambian con las modas culturales.
Más allá de los debates, esta situación deja una pregunta abierta para todos: ¿estamos acompañando a las nuevas generaciones desde el amor que construye o desde las ideas que dividen? En tiempos donde las identidades parecen fragmentarse, el mensaje de Cristo sigue siendo claro: cada vida tiene valor, sentido y una identidad que proviene del corazón mismo de Dios.
